jueves, 10 de abril de 2014

Afrodita era una zorra: capítulo 1


 (Edu está sentado en una silla frente a su portátil. Detrás de él, Senén gesticula de forma obscena e infantil. Edu sigue a lo suyo, hablando hacia la webcam, dirigiéndose a quién sabe quién).

EDU: (dirigiéndose sola y exclusivamente a la cámara, ignorando en la medida de lo posible a Senén, cuyos gestos van aumentando en obscenidad progresivamente hasta caer en lo escatológico. Tímidamente empieza su discurso). Hola. ¿Qué tal? Realmente esto que estoy haciendo, este vídeo que estoy grabando, no sé si lo verá mucha gente. No sé siquiera si verá la luz. Mis amigos están hartos de tratar este tema conmigo, de oírme hablar de ello, y para no agobiarlos más y también y sobre todo para obtener algún consejo menos disparatado y absurdo que los que me ofrecen mis colegas, es por lo que me he decidido. (Carraspea. El tono del discurso comienza a ser más grave). A mis veintiún años soy virgen. Pero la movida no es esa. Lo realmente inusual es que me da absolutamente igual. Lo que yo realmente busco es amor, ese amor que me lleve al sexo. Nunca me resultó fácil entablar una conversación coherente con ninguna chica. La verdad es que me intimidan bastante. Pero no sé por qué.
La gente confunde el amor con la compañía. Se siente sola, y busca compañía para paliar su soledad. Lo que la gente no sabe es que la compañía no es incondicional, mientras que el amor sí. Por eso, la única compañía incondicional es la que nace fruto del amor. Lo que la gente sí sabe es que la compañía es la prima fea del amor, y que cuando una persona está de verdad abatida, la compañía no es medicina, no es remedio, no es solución. La verdadera soledad es la que se siente igual cuando te sientas solo en un parque a echar de comer a las palomas que cuando estás bebiéndote una copa en un garito rodeado de amigos. Por eso, porque somos una generación de pusilánimes incapaces de soportar la soledad, nos lanzamos a la calle, a los bares, e incluso a las bibliotecas, en busca de algún amante potencial que borre toda esa soledad con un beso, con una caricia. La última opción suele ser irse de putas. Realmente dudo que los puteros busquen simplemente echar un polvo. El porno ha avanzado mucho y las técnicas de masturbación cada vez son más sofisticadas y originales. Dudo que  a nadie le dure tanto una erección como para coger el coche y plantarse en un local de luces perdido en las profundidades de cualquier carretera comarcal. No es la lujuria el motor de esta acción, no es el deseo tampoco el que sustenta estos negocios. El verdadero motor de todo esto es la soledad. La gente que no es capaz de follar gratis, tampoco suele ser capaz de encontrar el amor fácilmente. Por eso recurren al sexo como sustitutivo del amor. Es como cuando llegas a casa a las cinco de la mañana totalmente borracho, imaginando que cuando llegues tendrás en el poyo de la cocina, platito con platito, unas croquetas, o unos boquerones fritos, o un bocata de mortadela con aceitunas, yo qué sé. El caso es que cuando llegas recuerdas que no tienes a nadie que te cocine, abres resignado el frigorífico y te comes un par de salchichas crudas. Pues eso.
(Mientras, Senén sigue con lo suyo, mostrando en segundo plano a la cámara un amplio repertorio de guarrerías y bailoteos varios).
Yo, sin embargo, no me siento solo. Disfruto de mi compañía cuando la tengo y de mi soledad cuando la compañía se va. Simplemente sufro por la vana ilusión de encontrar algo de amor, algo de lo que aún no he podido disfrutar en veintiún años. Ni de nada que se le parezca. Soy un romántico en un lugar y en una época de pragmáticos superficiales y egocentristas. Al menos, no padezco del común síndrome de la envidia. En parte, porque mis amigos tampoco es que sean gente con especial suerte en esa materia tan ambigua que es el amor.

(Cambio de escenario. Mientras Edu termina su digresión, Nauzet se fuma un canuto sentado solo en un banco del parque. La voz de Edu va disminuyendo en volumen hasta que desaparece. Una chica atractiva se sienta en el mismo banco que Nauzet).

CHICA: ¿Puedo sentarme?

NAUZET: Sí, claro. (A Nauzet le sienta bien que la chica quiera sentarse a su lado pese a haber bancos vacíos. Incluso le sorprende).

CHICA: (tras intercambiar algunas palabras con Nauzet y sintiéndose a gusto) ¿Me das una calada?

NAUZET: (Tras mirarla unos segundos) ¡Aaaaamiga! Aquí está la trampa ¿no? La letra pequeña. Detrás de cada buena acción humana se esconde la más asquerosa de las intenciones. Cuando has venido he dicho: “mira qué chavala más salá, que viene aquí y se sienta conmigo aunque tenga pinta rara y haya más bancos”. Pero qué va, tú solo quieres una triste calada. Pues te la daría tía, porque es fruto de la madre tierra y todos somos hermanos y todas esas mierdas, pero ya he malgastado mi tiempo contigo, ¿sabes? Y no voy a malgastar también mi yerba. Nos veremos (se despide con un gesto característico que hace siempre Nauzet al saludar y al irse).

EDU (voz en off): (sigue narrando.  Después del paréntesis, continúa su reflexión). A algunos, como Nauzet, su desconfianza y su introspección les hace cerrarse en banda a cualquier posible relación. ¿Cómo te vas a enamorar de alguien, si te cuesta dar la hora cuando te la piden?

(Mientras, se ve a Nauzet marchándose indignado mientras sigue fumando).

(Cambio de escenario. Aparece Licho encendiendo un cigarro en la calle, apoyado en la pared. Hay una chica al lado suya. Licho decide interactuar con ella).

LICHO: Hola. ¿Qué tal? ¿Esperas a alguien?

CHICA: Qué va (tras saludar con la cabeza). He salido a tomar el aire durante el descanso. Trabajo aquí, en el centro comunitario (se gira y señala el recinto que se encuentra tras la pared donde Licho estaba apoyado). Soy agente de la condicional, pero también tengo bastante de psicóloga, aunque no haya estudiado la carrera (ríe). Me llamo Lola, por cierto.

LICHO: (tremendamente avergonzado). Yo soy Licho. Encantado (se dan dos besos). ¿Quieres un cigarro?

LOLA: Pues sí, estaría bien. ¿Y a ti? ¿Qué te trae por aquí? No suele haber mucha gente relativamente normal por estos lares (ríe).
(Sale por la puerta un compañero de Lola para avisarla. Acabó el descanso. Tiene que regresar al curro).

COMPAÑERO: Vamos, Lola. Al tajo. Hoy tienes un nuevo delincuente en tu grupo de trabajo a la comunidad. He estado ojeando su ficha (ríe). Tiene pinta de ser un prenda de mucho cuidado. (Mira a Licho y se dirige hacia él, curioso). ¡Coño, pero si es éste! ¿Qué pasa, os conocéis? Bueno, qué más da. (Dice interrumpiendo a Lola, que iba a hablar). Tú (a Licho), corre a ponerte el mono y aséate un poco, parásito.
(Licho obedece al agente, no sin antes lanzarle una mirada de rabia contenida. A Lola no la mira, la esquiva avergonzado. Se marcha hacia adentro con la cabeza gacha).

EDU (en off): (sigue su monólogo). A otros, como Licho, las circunstancias los inundan, les ahogan. Decía Ortega… o Gasset, no me acuerdo, que alguien es él y sus circunstancias. En este momento Licho es todo circunstancia.

(Mientras, se ve a Licho alejarse alicaído).

(Cambio de escenario de nuevo. Aparecen Edu y Senén sentados en la terraza de un bar).

EDU: Illo, Senén, hay dos chavalas detrás tuya que son tela de guapas. Míralas, pero con disimulo, tú sabes.
(Senén se gira muy bruscamente antes de que Edu termine la frase).

EDU: Tío, menos mal que te he dicho que te gires disimuladamente…

SENÉN: Ts, sabes perfectamente que esa es una frase inútil, macho. Una frase innecesaria. Yo las llamo frases sobrantes.

(Edu le interroga con la mirada, a lo que Senén responde).

SENÉN: A ver, son frases que sobran en la lengua. No las palabras que la componen claro, sino el orden en el que se combinan. Son frases que decirlas o no decirlas da lo mismo, porque va a surtir el mismo efecto se digan o no: (enumera) mira disimuladamente, a ver si quedamos y nos tomamos una cerveza, avísame cuando vayas a correrte…

EDU: Interesante teoría. (Se calla unos segundos). Podríamos entrarles a esas dos niñas ¿verdad?

SENÉN: (indiferente). Sí, supongo

EDU: ¿Sí? ¡Venga, vamos allá! Me levanto y les digo algo amable. Tú no te pongas nervioso y mantente tranquilo.

(Edu se levanta y va hacia la mesa donde están las dos chicas. Senén le acompaña unos pasos atrás, muy calmado, casi somnoliento. Tras intercambiar un par de palabras, una de ellas le dice a Edu que se van a ir a otro garito, y les proponen acompañarlas. Ellos dos acceden de muy buena gana. De camino, las palabras fluyen lentas pero agradables, tímidas pero simpáticas. Hasta que Senén empieza a aullar y a ladrar. Al principio las chavalas lo toman como una broma, pero el volumen, la intensidad y la frecuencia de los aullidos y ladridos aumentan hasta ponerse a cuatro patas y morder a una de ellas en el tobillo. Acto seguido sale huyendo. Edu, con suma naturalidad, tras hacer un gesto de resignación con los hombros a las chicas, sale corriendo tras él).

(Edu por fin lo alcanza. Senén le ladra. Edu le da una colleja en la nuca y se calma).

EDU: Va, Senén, calma bonito, ya pasó (con naturalidad, como si fuese un procedimiento habitual). Venga, buen chico (le da una galleta perruna como premio. Senén le observa, jadeando. Edu saca de su bolsillo una correa y se dispone a ponérsela, pero Senén se resiste). ¡Senén, cojones! Mira, te la voy a poner igual. Tienes dos opciones: o eres buen chico, te pongo la correa y nos vamos dando un paseo, o te la pongo de todas maneras y te dejo ahí atado a una silla. Bueno, a una silla no porque te la llevas por delante, pero… ¡a una farola! Una farola no tienes polla de tumbarla ¿eh?

(Senén accede finalmente y deja que su amigo le ponga la correa).

EDU: Muy bien. Toma tu dentastix.

(Los dos se van dando un paseo mientras se escucha la voz en off de Edu).

EDU(off): Por último, está la gente como nosotros, como Senén o yo, a los que nuestras taras no nos permiten acceder al amor. Dicen que el amor es una fuerza igualadora, pero discrepo. No es fácil entablar una relación amorosa cuando te crees un puto perro. Es uno de los muchos desórdenes que tiene Senén, desórdenes de los que ya os iré poniendo al día, porque se necesita tiempo. Yo, que llevo toda la vida con él, estoy ya muy acostumbrado, pero el puto Dr. House se hubiese frotado las manos si hubiese conocido a este pavo.

(Cambio de escenario. Aparecen Edu, Nauzet y Licho parodiando a House y su equipo médico).

EDU: Señores, el paciente sufre unos episodios de desquicio por los cuales pasa a creerse un perro y a actuar como tal. ¿Qué puede ser? (coge el rotulador y se dispone a apuntar en la pizarra, no sin antes dibujar un perro con el prepucio gigante).

LICHO: Podría ser lupus, Dr. House.

EDU: ¿En serio? ¿Lupus? Llevamos ochocientos mil capítulos de serie y ningún puto paciente del hospital ha tenido lupus incluso cuando los indicios apuntaban a ello, ¿y va a ser ahora?

NAUZET: De hecho tiene bastante sentido, Dr. House. Desde que trabajo aquí, los enfermos nunca tienen lo que creemos que tienen al principio. Como aquella señora que pensamos que tenía una pulmonía y en realidad se había tragado un mapache.

LICHO: Tiene razón, Dr. House. Al final siempre tenemos que hacer una investigación del carajo. Siempre acabamos yendo a la casa de los pacientes y todo.

NAUZET: Eso es ilegal, ¿verdad?

LICHO: Tiene que serlo. Y además, ¿no hay más putos médicos en este hospital, Dr. House? Siempre estamos pringa ’os hasta el cuello nosotros. Yo sé que el tema de la sanidad en Estados Unidos está chungo, pero es que a mí no se me están pagando las horas que yo echo aquí, Dr. House.

NAUZET: Eso es cierto, Dr. House. Además, siempre nos encasquetan a los enfermos más chungos a nosotros, cojones. Es que llevo aquí seis años y todavía no me ha venido ninguno con una apendicitis, ni una gastritis, ni un herpes genital… y esos marrones al final siempre nos los comemos los curritos, Dr. House, porque cuando luego usted se va a tontear con Candy nosotros dos seguimos currando.

LICHO: Además, Dr. House, esa mujer pasa de usted. ¿O no se da cuenta? Que llevamos ya no sé cuántas temporadas y todavía no os aclaráis, por dios santo.

NAUZET: Además esa tía ya es pureta, Dr. House. Para cuando de verdad se la ligue ya ni va a estar buena ni nada. Y usted es un hombre atractivo.

EDU: ¡Bueno, se acabó ya la parodia, cojones! ¡Vaya dos tíos “jartibles”! (Exasperado, se quita la bata, tira el bastón y mira a cámara, quedándose él solo en el plano). Lo que Senén verdaderamente tiene se llama licantropía.

NAUZET (solo voz): ¡Illoooo como el de Harry Potter!

EDU: Sí, bueno. No como el de Harry Potter exactamente, ni como el otro maromo, el del “queprúsculo” ese. Se trata de un síndrome psicológico real. (Se saca un papel y lee). Es un desorden mental por el cual el individuo entra en trance y pierde la noción de su identidad, transformándose en un animal. La mayoría de enfermos que sufren este síndrome suelen convertirse (hace el gesto de las comillas) en lobos o perros.

(Nauzet y Licho aparecen en el plano).

NAUZET: Pues yo me convertiría en ornitorrinco, loco.

LICHO: ¿En ornitorrinco? (Extrañado)

NAUZET: Por curiosidad, tío.

(Cambio de escenario. Edu y Senén siguen paseando. Senén vuelve a la consciencia y deja de creerse perro. Se incorpora poco a poco, con la ayuda de su amigo).

SENÉN: (estirándose) ¡Qué dolor de columna, tío!

EDU: Anda que vaya tela… Corre, vamos al coche. Hemos queda’ o en La Colina con esta gente.

(La voz en off de Edu se funde con una canción mientras los chicos hacen su camino hacia la colina. Nauzet espera, ya allí, sentado en un banco mientras disfruta de otro peta. Licho sale de los servicios a la comunidad y se dirige hacia allá, y Edu y Senén arrancan el coche en la misma dirección).

EDU(off): La Colina no es ni siquiera una colina de verdad. Es simplemente un montículo en medio del parque del barrio, que tampoco es nuestro barrio. Senén y yo somos los únicos que vivimos en el centro, pero siempre nos reunimos cerca de donde viven Nauzet, Licho y Ramiro. Por cierto, aún no os he hablado de Ramiro, quien ha asistido hoy por primera vez a la terapia para adictos al sexo a la que está obligado a ir. ¿Que por qué?

(Flashback: primeros días de Julio de 2013. Cambio de escenario: aparece Ramiro en una estación de tren, mirando atento los horarios).

RAMIRO: Pfff… Aún tengo que esperar hora y tres cuartos.

(Se sienta en uno de los asientos de la estación, apático. De repente, su móvil suena. Lo coge y ve quién está llamando: “llamada entrante de Laura”. Extrañado, responde).

RAMIRO: ¿Diga?

LAURA (al teléfono): Ramiro, me ha dicho Edu que te vas dos meses a currar a Valencia.

RAMIRO: Pues sí. Me ha salido un currete. No es gran cosa, pero me van a venir bien dos meses apartado
de tanto calor. Me ha extrañado mucho que me llames. ¿Ocurre algo?

LAURA: Bueno… ocurrir no ocurre nada, pero me gustaría verte antes de que te vayas. ¿Estoy a tiempo?

RAMIRO: (mira la hora). Sí. Si te das prisa te da tiempo. Estoy en la estación de trenes. ¿Vienes o qué?

LAURA: Sí. En diez minutos estoy allí.

RAMIRO: Perfecto. Ahora nos vemos. (Cuelga). ¿Qué querrá ésta?

(A los diez minutos, puntual, llega Laura. Se ven y se saludan con dos besos).

LAURA: ¿Qué pasa, Rami? ¿Qué tal estás?

RAMIRO: Pues bien, aquí. Se me ha hecho muy raro que me llames después de… bueno ya sabes… de aquello que…

LAURA: (tajante) de que te follases a mi abuela.

RAMIRO: Pfff… es que Laura, así dicho suena muy feo.

LAURA: Suena a lo que es, Ramiro. No me jodas.

RAMIRO: Bueno, ¿qué pasa? ¿Que has venido a recriminarme movidas?

LAURA: No, claro (más amable, reculando). He venido a verte a ti (le pone ojitos).

(Cambio de escenario. Laura y Ramiro se besan en los servicios de la estación. Laura empieza, muy sensualmente, a desnudar a su ex novio. Cuando al fin está completamente en cueros, coge su ropa y se marcha corriendo, rapidísima).

RAMIRO: (estupefacto y tras respirar hondo). Sí hombre…

(Ramiro sale de los servicios intentando que nadie lo vea. Tiene suerte. En los baños no hay nadie. Piensa mucho en las opciones, pero no hay ninguna salida alternativa y Laura le ha quitado todo lo que llevaba encima. Se maldice varias veces y la maldice a ella también. Harto de esperar una solución que nunca va a llegar, se decide a salir).

RAMIRO: No voy a estar aquí todo el día, y menos en pelotas. Ea, de perdidos al río.

(Ramiro abre la puerta de los servicios y echa a correr como alma que lleva al diablo. En su carrera, se topa con dos agentes de la policía nacional que lo detienen de inmediato).

EDU (voz en off): Al mes y medio, Ramiro recibió una multa por exhibicionismo y una sentencia judicial que le obliga a asistir semanalmente a terapia. Laura prestó declaración y definió a su ex novio como “un peligroso adicto al sexo, pero dentro de la legalidad, sin maldad ninguna”.

(Cambio de escenario. Senén, Edu, Nauzet y Licho esperan en el banco a Ramiro. Cuando éste llega, empiezan las burlas).

EDU: ¡Hombre! ¿Qué tal tu primer día de terapia?

NAUZET: Illo, ¿os dan bromuro a la entrada? Bueno, aunque en realidad, tiene más sentido que os lo den a la salida. Sí, porque si entre vosotros dentro de vuestro clima de perversión queréis hacer guarrerías… guay; pero cuando salgáis a la calle con las personas normales no mola que vayáis ahí psicóticos perdidos. Lo que sí que tienen que repartir por cojones son condones, tío. P’ a que no vayáis por ahí pegándole venéreas a la peña. Y para que no tengáis descendencia hasta que os reinsertéis, claro.

SENÉN: ¿Y hay alguna que esté buena o qué?

LICHO: En verdad qué puto mal rollo… Con todos los enfermos ahí… Tiene que haber cada personaje (ríe)…

RAMIRO: A ver… (responde a sus colegas por orden de intervención). Bien, gracias. No, no hay bromuro. Condones tampoco. Sí, sí que hay alguna (ríe pícaro). Y no, no son enfermos. Son gente totalmente normal. Gente como vosotros (piensa un momento en lo que acaba de decir). Bueno, ¡qué cojones!¡ gente muchísimo más normal que vosotros!¡ Dónde va a parar!

LICHO: Oye, cuida’ o…

RAMIRO: Tú sabes que yo no quiero faltar, pero es la verdad, hombre. Este pavo (señalando a Senén) se cree un puto perro, no me jodas…

EDU: Ahí nos ha da’ o…

RAMIRO: De hecho, yo os recomiendo, ¡qué coño! Os insto a que vengáis conmigo.

LICHO: Tss… ¿para qué? El que está malito eres tú, macho. ¿Qué pintamos nosotros ahí?

RAMIRO: ¿Malito por qué, cabrón? Malito éste (señala a Senén), que se cree un perro.

SENÉN: ¿Otra vez lo vas a decir, colega?

RAMIRO: Lo siento, tío. Bueno, el tema es: no se trata de ninguna enfermedad, joder. Nuestra terapeuta nos ha explicado que cualquier cosa es potencialmente una droga. A cualquier cosa nos podemos hacer adictos. Incluso a cosas sanas. Como el sexo, joder. ¡El sexo es sano!

NAUZET: (interrumpiéndole). Bueno, depende del nivel de perversión…

RAMIRO: La terapeuta también nos ha explicado que…

NAUZET: (interrumpiéndole otra vez) ¿Está buena la terapeuta?

RAMIRO: (harto de su colega). Sí…

NAUZET: Vale. Puedes seguir.

RAMIRO: Pues eso. Nos ha dicho que hay mucha gente que es adicta al sexo y no lo sabe. Y yo estoy
seguro de que vosotros lo sois.

LICHO: Qué va, macho. Eso que estás haciendo, en psicología tiene un nombre: se llama reflejo. Estás reflejando tu circunstancia en la de otra persona para hacerlo más llevadero…

SENÉN: Mal de muchos, consuelo de tontos.

LICHO: ¡Eeeexacto! Y eso está muy feo, macho.

RAMIRO: ¿Qué reflejo ni qué pollas? ¿En serio piensas que estoy reflejando? ¿Quieres que vaya uno por uno?

LICHO: Adelante.

RAMIRO: Perfecto. Veamos: tú eres un adicto al sexo (señalando a Edu).

EDU: ¿Yo? Pero si soy virgen, desgracia’ o.

RAMIRO: ¡Más a mi favor! ¡Más enfermo todavía! Eres un adicto pese a no saber si mola o no. Eres como el capullo aquél que todos los días llamaba a tu primo Jairo para que le pasase coca y en la vida la había proba’ o.

EDU: (haciendo memoria). El Teta… ¿qué habrá sido del notas ese?

RAMIRO: se murió el año pasado. Pero la movida no es esa, la movida es que eres un adicto. Un adicto a algo que aún no has probado, pero un adicto al fin y al cabo. Lo tuyo es más grave aún si cabe.

EDU: Tú bien sabes que yo no busco sexo, yo busco amor.

TODOS: (al unísono) ooooohhhh (jocosos).

RAMIRO: Pero si es lo mismo, cojones.

EDU: ¿Lo mismo el amor y el sexo? ¿Desde cuándo?

RAMIRO: ¡Pues de toda la puta vida, macho! ¡Desde que el mundo es mundo! Afrodita, la diosa griega del amor, que fue engendrada al caer las pelotas de Urano al Mar Egeo… ¡Afrodita era una zorra! Estaba todo el día por ahí golfeando. No había dios en el olimpo que no hubiese pasa’ o por la cama de la puta Afrodita. Y vayas tú a creerte que el matrimonio la calmó o algo. Qué va, hombre. La muy penca se casó con Hefesto pero estaba siempre que si Ares que si Adonis… Menos mal que al final Hefesto se enteró. Por culpa de Helios, que era una pedazo de chivata el muy maricona…

SENÉN: (interrumpiéndole). Illo ya está, ¿no?

EDU: Solo alguien como tú puede hacer una versión tan asquerosa de la Grecia clásica…

RAMIRO: De versión nada, nene. Los putos griegos, que estaban todo el día ahí liados… Pero son los padres de la civilización occidental, civilización en la cual tú vives y cuyos valores abrazas. Así que reconoce de una puta vez que el sexo y el amor son la misma cosa.

NAUZET: (dirigiéndose a Edu). La verdad es que lo ha argumentado perfectamente el muy cabrón.

RAMIRO: (a Nauzet) ¡Y tú también eres un adicto!

NAUZET: Yo qué cojones voy a ser un adicto al sexo. Esta mañana sin ir más lejos he rechaza’ o a una chavala por no darle una calada.

RAMIRO: Que tengas una adicción mayor no quita que seas adicto al sexo. ¿Cuánto llevas sin tener sexo?

NAUZET: Pff… Pues una barbaridad.

RAMIRO: ¿Ni contigo mismo?

NAUZET: Hostia, tú. Se me habían olvidado las pajas. Pues desde ayer. Pero vaya, que en cuanto llegue a mi “keli” me hago otra macuca ¿sabes o no? Yo es que voy a una diaria. No lo perdono. Eso te mejora el cutis la circulación la próstata los leucocitos…

LICHO: Los bíceps…

SENÉN: La vista es lo que se te puede joder.


NAUZET: ¡Qué va, hombre! ¡Eso es solo si miras el vídeo desde muy cerca!

LICHO: ¿Vídeos? Yo es que soy más de imaginarias, macho… Me monto unas películas, tío… Pero con argumento y todo eh.

(Edu se mantiene al margen de la conversación).

RAMIRO: Bueno Nauzet, acabas de declarar que eres un adicto. Siguiente.

NAUZET: No, amigo. La movida es que cascársela fuma’ o es un placer de la hostia. Una cosa lleva a la otra…

RAMIRO: Te equivocas. No eres adicto al sexo porque fumes. Lo serías aunque no fumases. Lo que pasa es que son vicios que casan muy bien. Adicciones complementarias se llaman, que lo han dicho hoy en terapia.

NAUZET: ¿Tú qué estás haciendo? ¿Terapia o un máster?

RAMIRO: (a Licho). Tú también lo eres, por supuesto.

LICHO: ¿Yo? Pero mira que eres pardillo… Que yo ligue no quiere decir que sea un adicto al sexo.

RAMIRO: Macho, ligas p’ a follar.

LICHO: “El fin justifica los medios”. Nicolás Maquiavelo. 1469 – 1527.

RAMIRO: Ya. Y si el fin es follar – y encima follar con las que tú follas – imagínate cómo de asquerosos serán esos medios de los que me hablas. Si el fin justifica al medio, el medio también justifica el fin. Es un silogismo disyuntivo clarísimo. Además, estás en servicios a la comunidad. A saber qué habrás hecho.

LICHO: (haciendo un gesto que le quite importancia y cambiando de tema rápidamente). Pero entonces ¿dónde está el umbral que mide esa adicción? ¿Qué línea tiene alguien que pasar para dejar de ser una persona normal y pasar a ser un adicto al sexo? Porque si yo soy un adicto, tú eres un súper mega adicto al sexo enfermo depravado asqueroso.

RAMIRO: ¿Por?

LICHO: Macho, pues porque hay una gruesa línea que separa ligar los findes p’ a follar de tirarte a la abuela de tu novia. O sea, doble delito: adulterio y gerontofilia.

RAMIRO: Lo de adulterio te lo acepto, pero de gerontofilia nada, chaval.

LICHO: Venga no me jodas. Ahora vas a saltar con lo de que…

RAMIRO: ¡Que esa señora está muy buena, cojones! Que tuvo a la madre de Laura muy joven, y la madre de Laura la tuvo muy joven a ella. No llega a los sesenta y cinco, coño.

LICHO: Y lo dice como si nada. Illo, que te saca varias generaciones. Que esa mujer ha visto jugar a Di Stefano, ha visto estrenar Casablanca, ha vivido el franquismo y la transición, se ha comprado el primer disco de Mocedades… ¡Que cuando Martes y Trece daban las campanadas ella era ya vieja, cojones!

RAMIRO: De acuerdo. Yo soy un enfermo que te cagas. Pero estoy en aras de reinsertarme. Lo he aceptado, que es el primer paso. Y tú deberías hacer lo mismo.

LICHO: Vaya “usté” a la mierda.

(Se hace un silencio).

SENÉN: ¿Y yo?

RAMIRO: (lo mira de arriba abajo). Tú te crees un perro, tío.

(Entre risas, Senén se lanza a por Ramiro y finge que le muerde un brazo. La música se funde con la voz en off de Edu, que con sus últimas palabras cierra el capítulo uno).

EDU (off): ¿Quién sabe si realmente somos adictos? Todo es cuestión de percepciones. Al fin y al cabo, la vida tiene demasiadas cosas chulas como para no hacerse adicto a ninguna. 

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