domingo, 10 de junio de 2012

Amigo motorista

Amigo motorista:

Sé que te han mirado con cara del más repugnante de los desprecios al adelantar una enorme hilera de coches que esperaban un semáforo. Sé que cuando se abre dicho semáforo no te dejan salir el primero, y sé que cuando intentas meterte entre dos vehículos te hacen la cobertura para que sea como sea, no pases.
Sé que por muy prudente que seas en tu conducción siempre serás "el niñato de la motito". Sé que te has caído y la atención que te han prestado te ha resultado insuficiente. Sé que te habrán robado el bombín, y puede que algún espabilado te haya robado alguna vez las carcasas. Sé que después tú has sido el espabilado que ha ido a robar otras, y sé que tienes un amigo que te dice: "¿me puedes llevar?" Y sé que te dura más el depósito en reserva que lleno. Sé que piensas que no es normal la frecuencia con la que te vuelve a brillar el piloto rojo del aceite, y que la mayoría de veces pasas de él.
Sé que cuando la compraste dabas vueltas como un tonto y que la tenías impecable, y que algún día se te pasó por la cabeza, o incluso lo hiciste, limpiarla.
Sé que no hiciste los test de la autoescuela y que seguramente se te olvidaron los guantes para ir a hacer la parte práctica.
Sé que si se te ha pinchado una rueda se ha dado cuenta antes tu colega que tú y sé que te han dicho: "te echa mucho humo el escape".
Sé que has visitado el taller y te han dicho: "esto te pasa por hacer el tonto".
Sé que tu madre piensa que conduces un AirBus y teme por tu frágil vida.
Seguramente te hayas quemado la pierna alguna vez con este y sé seguro que pasas frío cuando es invierno por las mañanas. Sé que te creíste más chulo, más atractivo y más viril cuando empezaste a conducirla.
Sé que es una vida dura, aunque sea también bonita.

Pero amigo motorista, yo, a diferencia de los anuncios de teletienda, no tengo la solución. Solo tengo un abrazo empático y un mensaje de ánimo.

Dirección General de Tráfico.

Es broma.

martes, 5 de junio de 2012

Estudio sociológico vol.1


Bueno, hace ya bastante tiempo (concretamente desde que el nuevo fenómeno irrumpió sin avisar y de manera irreversible en nuestras vidas) que dije que haría un particular estudio sociológico sobre estos seres increíbles y fascinantes, que a todos nos tienen perplejos y cuyo origen y procedencia nos resultan difusos y difíciles de explicar.
Estamos hablando, cómo no, del modernito, este nuevo espécimen que ocupa nuestras aceras, patios, plazas, institutos y hospitales (sí, uno de mis primeros descubrimientos es que ellos también desarrollan enfermedades y se hacen daño, sienten y padecen; son seres vivos en principio).

Era hora, dicho esto, de ponerse manos a la obra, de no demorarme más, o cuando quisiera ya sería uno de los muchos que habrían ahondado este asunto, y mi trabajo carecería de validez.

Mi estudio ha terminado ya, y las conclusiones, más o menos elaboradas, mejores o peores, están ahí. Me gustaría compartir todos los aspectos. No tiraré de topicazo, sino que me basaré en la más veraz de las investigaciones.

Primero, y aunque creo que todos ya, a estas alturas de la película (de terror, por supuesto) sabemos qué es el modernito, diré que es ese individuo de pantalones pitillo, camisas o polos ajustados (estén fuertes o no, eso da igual, si están, gordos, presumen de lorzas), peinados inverosímiles y cuyo referente visual son los concursantes de “Hombres mujeres y viceversa”. Su referente cultural e intelectual es inexistente, pues esta nueva raza tiende a ser bastante ignorante, y no quiero generalizar, pero aun así, lo hago.

Empecemos por su origen. La pregunta frecuente es: “¿el modernito nace o se hace?” Pues verán ustedes, se hace. Es algo así como una digievolución, puesto que el modernito es un fenómeno reciente y nadie ha nacido siéndolo.
Muchos opinan, con bastante acierto, que están a caballo entre el pijo y el cani, pero yo he profundizado. He querido suponer que es una confusión de estilos con mucha más personalidad y antigüedad, como el gafapastas, el indie, el bakala o el skater.

A continuación, sus influencias. El modernito bebe de otros movimientos, como los anteriormente nombrados. Pero lo asombroso de esta especie no es cómo se influencia, sino cómo influye al resto. Es el movimiento “cultural” con más llegada de las últimas décadas, pues en menos de dos años ha contagiado las capas de la sociedad.

De este modo, los pijos se modernizan y los canis también, pero parece haber huesos más duros de roer, sectores de la población que se resisten a la “modernización”.

Esto es lo mejor que he podido hacer, sin más. Esto tiende por supuesto al amplificatio, y de hecho me encantaría que a mi teoría se le añadiesen muchas más ideas, o incluso se rebatiera, hasta entre todos poder explicar este suceso, genial o fatídico, eso ya depende, pues, pese a la imagen caricaturesca de este texto, que recuerden, es humorístico o eso pretende, en la variedad está el gusto.

Esto es dicho sin acritud, y a quien este artículo le pique, le sugiero coger el objeto puntiagudo más próximo, y aliviárselo.

Prioridades

A mediados de junio empezará la Eurocopa de Ucrania y Polonia, y desde meses atrás todo el país vive inmerso en un profundo sin vivir, un preguntarse qué jugadores irán, o quiénes pueden ser los rivales más peligrosos, un debatir si debe ir uno u otro, que puede dividir o juntar a las dos Españas. Y es que ya son más poderosas las Españas de Barça y Madrid que las que dividían el país unas décadas atrás, en los antecedentes y las postrimerías de la Guerra Civil.

Y aquí es donde llega la cuestión, el poder unificador o separador que tiene este deporte, el deporte rey. Es capaz de movilizar a todas las capas de la población, desde el alcalde hasta el yonqui más sucio de tu barrio.

Y produce un enorme escozor que, en su mayoría, el adulto medio se movilice más para ir a ver el partido de su equipo, o para celebrarlo en la plaza más multitudinaria de la ciudad, o para protestar por un abusivo precio de los abonos o las entradas, mientras este mismo individuo, por lo general, tiende a quedarse quieto cuando le roban su dinero, o cuando vulneran sus derechos o los de cualquier otro compañero, y por supuesto, jamás antepondrá una reivindicación por motivo social o laboral a un partido de su equipo.

Ni que decir tiene que si los asuntos políticos o sociales movilizaran de la misma forma que lo hacen los deportivos, se confirmaría la teoría de Marx de que la lucha de clases es el motor del cambio social. Quizá sería motivo de enfrentamiento y división entre colectivos, pero más convenientes son los enfrentamientos por conflictos de intereses reales que por cuestiones deportivas, que ni nos dan de comer ni nos quitan el pan de la boca.

Además, es cosa ridícula la forma en la que se critica cómo chupan fondos algunas entidades, y se obvia cómo hacen lo mismo los clubes de fútbol, la mayoría de ellos endeudados hasta las cejas, con Hacienda, con los propios empleados, o un club con otro. No hay problema en entregar subvenciones a clubes. Mientras tanto, se está dejando de lado lo público, arriesgándonos a perder un estado de bienestar, lo que nos mandaría de un plumazo unos cuantos lustros atrás.

Por supuesto que la juventud nos miramos en las generaciones anteriores, y es demasiado y preocupantemente frecuente la figura del gracioso gordinflón que, independientemente de su estatus social, su liquidez, su clase o su ideología, prefiere cualquier tipo de evento futbolístico a defender su interés.

Con esto, no pretendo criticar deportivamente al fútbol, ni alentar a su boicot, simplemente opino que las prioridades más vale mantenerlas bien ordenadas, así el peligro de que se llenen de polvo es menor.